La segunda semana de septiembre estuvo marcada por dos acontecimientos deportivos que remecieron a Chile. El primero tiene que ver con la selección chilena de fútbol. El equipo de todos peligra su estadía en Rusia 2018 dejando caras largas a toda la nación futbolera. El segundo, fue la alerta verde al Ceremonial de Punta de Lobos, único evento de olas grandes en Chile y uno de los más importantes junto a Pico Alto, Perú.

Esta vez quiero recalcar el segundo evento. Nunca he hecho surf. Nunca me ha llamado la atención. Sin embargo, debo admitir que sí me gusta la naturaleza por mi afición al trekking. Allí he aprendido a amar y cuidar nuestro entorno.

Cuesta darse cuenta que el hombre vino a este precioso mundo llamado Tierra  para quererlo y conservarlo tal cual está. De repente es necesario que nos refrieguen en la cara o vivir en hechos concretos los desastres que deja el ser humano.

Me refiero a botellas de plástico, colillas de cigarro y quizás qué otro desecho se podrían  encontrar cuando vamos al campo, a la playa o a subir cerros. Bueno esta vez, pasó algo distinto.

Foto: Juan Luis de Heeckeren

Gracias a la gestión de Fundación Punta de Lobos, hubo perímetros establecidos para presenciar el espectáculo de la naturaleza y la proeza de los verdaderos guerreros del mar. Este cierre permitió no alterar la flora del lugar con desperdicios del hombre, la que en está a punto de florecer. En otras palabras, proteger la punta.

Sin duda, un ejemplo a seguir para el resto de las comunidades deportivas que buscan congeniar el deporte y el medio ambiente.

¿Qué pasará más adelante? La historia dirá.