Por Ignacio Soto Bascuñán

A finales de diciembre del 2016 y cuando faltaban pocos días para navidad, Universidad de Chile anunciaba a su nuevo técnico para la temporada 2017, el cual reemplazaría a la dupla técnica de Víctor Hugo Castañeda y Luis Musrri.

Así se daba inicio a la era de Ángel Guillermo Hoyos en la banca de los azules. Llegó como un desconocido, un técnico que en su currículum mostraba pasos por  las divisiones inferiores del Barcelona, donde dirigió a jugadores como Lionel Messi, Gerard Piqué, entre otros, y que venía de la selección de Bolivia con el recuerdo de su error en la inclusión de Nelson Cabrera con el recordado partido ante Chile y que terminó con un dictamen del TAS.

En el primer torneo al mando del cuadro universitario, Hoyos vivió buenas y malas, donde alcanzó el título 18 con los universitarios, en un campeonato que disputó hasta la última fecha ante Colo-Colo y que gracias a regalos por parte del equipo blanco, la U pudo gritar campeón.

Y malas, porque tuvo que vivir la salida en medio del torneo de parte de Gastón Fernández, quien cansado por las críticas y cuestionamientos de parte de los hinchas y periodistas, se terminó marchando al Gremio de Brasil.

El fútbol que desplegaba el equipo no era vistoso, los cuestionamientos por parte de los hinchas eran evidentes ante el descontento por el rendimiento de algunos jugadores como Gonzalo Jara y Christian Vilches, dos que siempre fueron defendidos por Hoyos cuando se le consultaba.

A pesar del título logrado, las críticas hacia el equipo se acrecentaron, evidenciado la molestia muchas veces del argentino. Críticas justas por lo demás, dado que el equipo nunca supo a que jugaba. Además, si a eso le sumamos que en cada conferencia post partido se ahondaba en hablar sobre las virtudes de sus jugadores por sobre lo futbolístico.

El gran pecado de Hoyos en estos 16 meses al mando de los azules fue no darle un estilo futbolístico al equipo, uno al cual se supiera a que se jugaba y así evitar las improvisaciones a la hora de enfrentar los partidos.

Contra Unión La Calera utilizó a Rafael Caroca como líbero, cuando jamás ha jugado ahí y su puesto natural es del de volante de corte. Estas dos semanas fueron las peores para el ex seleccionador de Bolivia mientras estuvo en la U, perdió el clásico y se vino la debacle para un equipo que merece mucho más.

A Hoyos hay que agradecerle por venir a descomprimir un camarín que venía golpeado y dividido desde el 2016, pero que en el último tiempo estaba volviendo a eso mismo, a las divisiones, con declaraciones de los propios jugadores exigiendo un mayor atrevimiento a la hora de jugar.

Un ataque directo a Hoyos que terminó sepultando su estadía en la U con una goleada y que quedará con el recuerdo de un técnico que fue siempre un motivador, más que una solución.