Uno de los eventos destacados de Julio es la prueba ciclista más importante del mundo: El Tour de Francia. Latinoamérica tiene un gran representante dentro de la vuelta galesa. Su nombre: Nairo Quintana. ¿Tendrá chances el colombiano de celebrar en los campos elíseos? Uno de nuestros columnistas invitados lo analiza a continuación.

Michael Puertas Silva

@ElTurcoPuertas

Tu Piel Roja Radio

Desde Bogotá, Colombia

Con casi medio Tour De Francia ya disputado, la esperanza de título por parte del colombiano Nairo Quintana, está más lejos que en otras ediciones. ¿Podrá el boyacense superar su falta de energía y levantarse en la clasificación general, o Cristpoher Froome firmará su segundo Tour en línea?

Desde hace 10 o 12 años, por lo menos, no se sentía una expectativa tan grande de cara a un Tour de Francia por cuenta de un ciclista colombiano.

Salvo algunos coletazos de Mauricio Soler, Félix Cárdenas, y destacadas mas no rimbombantes participaciones de Santiago Botero en el Kelme, el ciclismo colombiano no tenía un nombre del ribete de los Lucho Herrera o Fabio Parra, quienes fueron capaces de pelearle de palmo a palmo La Grand Buclé a perfumados como Laurent Fignon, Greg Le Mond o Bernard Hinault.

Cuando Nairo Quintana apareció en la escena ciclista Mundial, por allá por el 2013, todos pusimos nuestras esperanzas en ese menudito chico de Cómbita que era la sensación en los circuitos nacionales; Y sobre todo cuando en ese mismo año ganó la clasificación de los jóvenes y la mítica camiseta a pepas rojas de la Montaña del Tour, ganó también la etapa reina en un 20 de Julio – Día de la Independencia de Colombia – y estuvo muy cerca de llevarse  el premio mayor, el Maillot Amarillo; sólo 4 minutos y 20 segundos lo separaron de subirse al escalón más alto en la llegada a los Campos Elíseos.

Con el paso de los años, Nairo se ha hecho más maduro, ha intentado mejorar en sus debilidades como la Contrarreloj y el descenso en las etapas con la cuesta hacia abajo, y se ha consolidado como una realidad en el universo de las bielas ganando ya un Giro D’ Italia y una Vuelta a España.

Pero a pesar de sus logros, ha estado a la sombra de Chris Froome, un keniata-británico que se muestra fuerte, casi indestructible, cuando de surcar las carreteras de Francia se trata.

Eso, sumado a las dificultades propias de una carrera de tres semanas que ha tenido que afrontar Quintana, lo han relegado siempre a ver al Gigantón de Nairobi desde escalones más abajo.

Y es que si hablamos de dificultades, Nairo ha pasado ya por varias en territorio francés. La alergia que por poco lo deja fuera de combate en 2016, aquél descuido con el bidón de agua en 2015 en el que Froome se lo llevó por delante y le sacó casi dos minutos.

Todo ello ha hecho de Nairo y el Tour una relación tormentosa, un objetivo esquivo, un amor frustrado; sí, todos sabemos que Quintana lo tiene entre pecho y espalda, pero cuando la cosa se le ha puesto en contra, el final no ha sido el deseado.

Para éste año, todo estaba dado para que con su preparación fuera de forma frontal por esa casaca amarillenta, pero los obstáculos, de nuevo, le han puesto el dulce a mordiscos.

El hecho de haber perdido ya a dos coequiperos del Movistar Team, entre ellos al experimentado Alejandro Valverde por una caída recién en la primera etapa, y la falta de energía provocada por el esfuerzo al máximo que tuvo que afrontar en el Giro gracias a la disputa con Moullema, le han pasado factura en la general; hoy está a casi dos minutos y medio de Froome, quien a diferencia del Colombiano, prefirió competir en Clásicas de exigencia media y guardar el tanque para lograr el tercer Maillot de su carrera.

Falta casi la mitad de Tour por disputar, con los Alpes de por medio, donde Nairo puede sacar la casta y reponerse de vuelta de todo lo que le puso el Cristo de espaldas, pero ojo, que el sueño de ganar por primera vez la carrera ciclística más importante del mundo no se nos convierta en pesadilla.

A Quintana todavía le quedan varios años de ciclismo por delante, y no se puede arriesgar la integridad del corredor sólo por el afán de conseguirlo. Con calma, muchachos, con calma, que si algún día Nairo viste de Amarillo, tengan por seguro que no habrá nadie que sea capaz de arrebatarle ese camisón.