Hace dos días, el mundo fue testigo de una de las hazañas deportiva pocas en su género. Por octavos de final de Champions League, el Barcelona de Lionel Messi, Neymar y Luis Suarez remontó una llave que hasta los más entendidos de la redonda tildaban de imposible. Revisa aquí nuestra nueva Columna PD en torno a este gran hito del fútbol y el deporte mundial.

Camilo Zavala P.

El deporte cada cierto tiempo da cuenta de historia únicas, excepcionales y de antología cuyas lecciones y aprendizajes trascienden a lo deportivo y son aplicables a toda la vida. Esto ocurrió el miércoles con la fantástica remontada por 6 a 1 del cuadro catalán contra el poderoso Paris Saint Germain. Tal como ocurrió en Atenas con Fernando González y Nicolás Massú, nuevamente en el fútbol cobra vigencia aquella máxima que nada es imposible.

Barcelona había perdido categóricamente 4 a 0 en París, lo que hacía muy difícil revertir este resultado pues los franceses jugarían con la tranquilidad de una diferencia abultada y con la fortaleza de ser un equipo sólido en todas sus líneas y con jugadores de gran clase como Cavani, Di María y Matuidi.

Los más fieles hinchas del cuadro culé, aunque confiados en pasar la llave, sabían íntimamente que era muy  complejo conseguir el marcador que se necesitaba y eran consciente que enfrentaban un equipo muy competitivo que los había apabullado en el duelo de ida.

El 3 a 0 que propinaba el Barca les daba la confianza que podían conseguir la remontada pero Cavani  en el minuto 61 anota el descuento. La desesperanza y la sensación de derrota a pesar del marcador se hacía presente en el Camp Nou.

Pero la historia fue otra. La gran mayoría de los espectadores en el estadio y en el mundo entero pensaban sensatamente que se acababa la Champions para el Barca. Faltaban 3 goles de diferencia y quedaban cuatro minutos más los descuentos. Contra todo pronóstico de ese momento, Barcelona fue capaz de clasificar a la siguiente ronda de la Champions League venciendo 6 a 1 al poderoso PSG.

Fue un partido memorable, de esos que quedaran en el recuerdo indeleble de los hinchas del Barcelona y del fútbol mundial, pero sobre todo fue una fabulosa demostración que efectivamente nada es imposible; que se pierde cuando se abandona la batalla; que no muere quien pelea; que mientras haya una pequeña posibilidad de conseguir lo que se necesita hay que seguir intentándolo.

Fue una clase magistral de determinación de triunfo, de convicción por lograr un resultado y superar una meta dura de alta exigencia. Fue una evidencia real que los desafíos por mucho que parezcan inalcanzables, si se trabaja bien, si se prepara, si se actúa en cada instante con persistencia, si se está concentrado en cada segundo y cuando la fe y la confianza moviliza y motiva cada musculo y cada movimiento, existe una alta posibilidad de lograrlo.

No es una frase vacía, realmente querer es poder. Gracias Barca. Gracias Fútbol.