Sebastián Marcel G.
Está claro que el Arsenal no puede satisfacer el hambre de gloria de Alexis Sánchez. Ya parece una patología por parte del cuadro gunner el perder todas las oportunidades de pelear por títulos, como si el primer lugar les aterrorizara.
No por nada han finalizado en la cuarta ubicación en 6 de las últimas 11 temporadas. Hace 12 que no gana la Premier y desde la temporada 2010-2011 que no pasa de octavos de final en Champions, una deuda histórica del combinado londinense que jamás se alzó con dicho trofeo.
Ayer volvieron a defraudar cayendo sin apelación ante el Bayern Munich de Vidal. El sello de los equipos de Wenger siempre ha sido el buen trato y control de la pelota, pero hoy la regalaron, el entrenador francés planteó el partido de chico a grande (una vez más) y resultado a la vista; 5 a 1. ¿De quién fue el descuento? De quién otro sino Alexis.
Desde que llegó al cuadro londinense demostró que quería destacar. Es muy autoexigente, el primero en llegar a los entrenamientos y el último en irse, en su rostro se le ve muy concentrado y en sus declaraciones siempre se muestra ambicioso. Pero en el campo al final son 11 los que juegan.
El resto de la plantilla no sigue su ritmo, juegan sin sangre ni amor propio, cuando los partidos se ponen cuesta arriba no los vemos acelerar el cambio más que exige el trámite y ni siquiera meten pierna fuerte para cortar los avances contrarios, hay que decirlo, es un equipo que da rabia de ver.
Es increíble imaginar la millonada que se gastaron en Mesut Özil, la otra gran figura gunner. Es el fichaje más caro de la historia del Arsenal y el mejor pagado de la plantilla, pero ¿Cuándo rentabilizará lo que se da por él?
Alexis ha demostrado ser infinitamente más determinante y a pesar de eso le niegan el aumento de sueldo que exige.
No son pocas las bromas que reciben los del Arsenal por su casi vitalicio cuarto lugar. Pareciera que a Arsene Wenger se le olvidó competir. No transmite pasión en sus jugadores y tiene una política muy mezquina para fichar, a pesar de que los recursos existen y eso lo limita a la hora plantarle cara a los cuadros de Manchester o Chelsea, que siempre invierten en nuevos nombres.
Pero a eso hay que sumar el mal ojo en las contrataciones. Se pagaron casi 40 millones por un jugador con pocas credenciales como Mustafi o un volante que jamás se ha consolidado en el primer plano como Xhaka y se dejaron ir opciones reales de traer a nombres como Cavani o Lacazette, que realmente le habrían dado otro aire a este Arsenal.
En un mes dejaron escapar los que deberían ser los mayores objetivos de un equipo denominado grande. Primero, el puntero Chelsea resignó 2 puntos en su visita al Liverpool, pero desperdiciaron la chance de acercarse perdiendo de local contra el modesto Watford. No pasaron ni 7 días y se enfrentaron al Chelsea en Stamford Bridge, cayendo 3 a 1 sin dar batalla.
Ahora vino el descalabro de la Champions, donde también queda la amargura de algunos de ver que Walcott no es Robben, Iwobi no es Costa, Ospina no es Neuer, Mustafi no es Hummels, Xhaka no es Vidal y Giroud no es Lewandoski.

Muchos apuntan a Wenger, un DT que representa la vieja tradición inglesa de creer en los proyectos. Bajo su dirección el Arsenal encontró un estilo en el que se prioriza el buen fútbol y una nueva identidad que encantó a su afición, además de ser campeones de la Premier en 3 ocasiones.
Pero de los recuerdos no se puede vivir, el paso de los años están desgastando la figura del entrenador francés y muchos le exigen que tome una decisión pensando en el bien del Arsenal y no de sí mismo
Por ahora que Alexis se preocupe de mejorar sus estadísticas, porque clubes interesados no faltarán y si no se le garantizan pelear por títulos, qué no renueve, porque a esta altura pareciera que el Arsenal le quedó chico. Tiene 28 años, aún puede aspirar a un último gran contrato en un cuadro protagonista y espero que sea en la Premier League.























