Uno de los eventos deportivos del mundo de este fin de semana fue la Copa Davis. Chile disputaba en Medellín el paso al repechaje frente a Colombia en la Zona 1 Americana. Desgraciadamente, nos quedamos con el gusto amargo de perder la serie ante los cafetaleros. No obstante, no todo está perdido. Aquí te dejamos una nueva Columna PD.

Camilo Zavala P.

La esperanza de estirar la serie ante los colombianos recaía en Christian Garín. El anhelo de todo un país en llegar a la repesca de la ensaladera de plata estaba en la raqueta del Tanque.

Heroicamente, Garín llegó a los cinco sets ante un experimentado Santiago Giraldo quien fue dirigido hace unos años por nada más y nada menos que Fernando González. Esta vez, los pasajes a la repesca se los llevó el colombiano sentenciando la serie por 3 a 1.

Desazón, amargura y tristeza fueron algunos de los sentimientos que pasaron por la cabeza de Garín tras saludar a su colega. El pequeño se mostraba abatido porque nuevamente Chile se quedaba sin la chance de disputar un cupo hacia el grupo mundial.

No obstante, este tipo de circunstancias en donde la derrota cala en lo más hondo del alma, sirven para aprender.

Toda derrota sirve. Sea un 7-6 en el quinto set o triple 6-0, da igual. De cada punto perdido podemos sacar un aprendizaje, un crecimiento o una enseñanza.

Christián Garín tiene una gigantesca proyección. Con sólo 20 años, junto a Nicolás Jarry y Hans Poddlipnik, han demostrado ser altamente capaces de comandar a la Roja del Tenis.

El camino estará lleno de empedrados como en toda carrera deportiva. Garín y su entrenador, son los únicos capaces de quitar las piedras y llegar a la gloria.

Resiste Tanque, que vendrán tiempos mejores. Resiste. Porque después de tantos obstáculos, la gloria se disfruta el cuádruple.